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Javier Arranz: “Se participa poco en ámbitos estratégicos como la legislación colaborativa. Pero estoy convencido de que es la manera”

El modelo de participación de Irún está enraizado con modelos previos muy consensuados. Javier Arranz explica los mecanismos de sus presupuestos participativos y enumera algunas dificultades como el “efecto lobby”

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El Jefe del Area de Participación del Ayuntamiento de Irún ha vivido el desarrollo tecnológico de su municipio desde el nacimiento de internet. Javier Arranz lleva 30 años trabajando en el consistorio guipuzcoano y ha desarrollado junto con su equipo un portal de participación propio, adaptado a sus propias necesidades. Arranz cree en la integración progresiva del flujo de datos en los ayuntamientos, poco a poco, sin arrebatos ni sorpresas. Y tiene la misma filosofía con la participación: se tarda en conseguir una nueva cultura cívica de participación, pero a la larga acabará dando sus frutos.

Desde el punto de vista de alguien que ha vivido el cambio tecnológico del ayuntamiento desde sus orígenes ¿qué diferencias se aprecian entre los procesos de participación de hace décadas y los de ahora?

Bueno, yo llevo 20 años como jefe de informática y 30 en la casa, pero mi experiencia con procesos de participación directa es menor. Llevo desde 2011 en el área que lleva la participación ciudadana (además de bastantes otras cosas). El Ayuntamiento de Irún ha intentado siempre utilizar las posibilidades de la tecnología para mejorar los servicios internos y externos.

Lo primero que yo creo que ha cambiado es el volumen: el número de procesos y el grado de implicación. Desde hace dos mandatos nosotros tenemos el compromiso de pulsar la opinión ciudadana en procesos de cierta envergadura, que son los que superan los 100.000 euros. También en cosas más pequeñas a veces.

La tecnología no sólamente sirve para desarrollar el proceso, también ofrece mucha información analizable. Cosas que en lo presencial es más difícil de medir: Información de género, de tramos de edad, barrios… Y puedes cruzar todo eso para ver qué perfiles se interesan en determinadas problemáticas. Además, la participación ciudadana se puede hacer desde cualquier sitio y cuando uno quiera.

La tecnología ofrece mucha información analizable que es más difícil de medir presencialmente: Información de género, de tramos de edad, barrios… . Javier Arranz, Ayuntamiento de Irún

Esta ciudad ha tenido desde hace muchos años un espíritu bastante participativo. Se basaba en órganos muy reglados con participación ciudadana directa, de asociaciones o colectivos ciudadanos que tenían cierto peso. Por ejemplo, se creó una mesa de movilidad en la que tienes todo tipo de colectivos: mundo del taxi, colectivos pro-bicicleta, clubes deportivos… Y siempre ha existido un asociacionismo muy potente. Irún tiene 62.000 habitantes y unas 200 asociaciones registradas. Hay 17 asociaciones vecinales operativas.

Pero hubo un evento que marcó un antes y un después: El foro ciudadano de Irún en 2001. Constituido en modelo ágora griega, movió a más de 400 personas y se configuró con cinco ejes estratégicos que tenían formas asamblearias de trabajo, aportaciones ya por internet, etc. Eso dio lugar al Libro blanco del primer foro ciudadano de Irún, un documento que se ha tenido muy presente a la hora de construir programas electorales y acciones de gobierno. Entre los mayores impulsores de los presupuestos participativos estaban personas que siguen manteniendo vivo ese foro.

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¿Qué lecciones podemos aprender de la participación tradicional y aplicarlas a nuevos procesos de participación apoyada en la tecnología?

Internet te pone cierta máscara pero está claro que se trabaja para los ciudadanos, para las personas. Y ellos viven los problemas de una manera más directa de lo que podemos hacerlo nosotros como técnicos del ayuntamiento. Hay personas a las que les cuesta explicarse o no se les da bien intervenir públicamente. Y desde el ordenador pueden aportar cosas muy valiosas. Así que diseñamos la web para que puedan compartir opiniones y aunar transparencia, participación y rendición de cuentas.

Yo creo que el Ayuntamiento de Irún, pese a su tamaño, ha ido por encima de la media estatal en bastantes aspectos, fundamentalmente en atención a la ciudadanía y servicios por internet. Hemos sido muy prusianos en la organización interna y hemos contado con un equipo de informáticos quizá algo sobredimensionado para ayuntamientos de nuestro tamaño. Pero gracias a eso nos hemos cocinado cosas cuando el mercado no las daba. Sobre todo cosas que están en el núcleo de la gestión del ayuntamiento y en la transparencia.

Intentamos que en el portal de transparencia salga la información de manera lo más automática posible, sin generar miles de PDFs. Así que, indicador que se pone, tiene que ser sostenible. Hay que ir despacito e ir poniendo datos a medida que somos capaces de sostenerlos y se apoyan en nuestro flujo de información. Y con la participación lo mismo: Vimos varias herramientas de participación y pensamos: Esto lo montamos con una aplicación interna y la parte web.

Hay que ir despacito e ir poniendo datos a medida que somos capaces de sostenerlos y se apoyan en nuestro flujo de información. Y con la participación lo mismo. Javier Arranz, Ayuntamiento de Irún

El funcionamiento de los presupuestos participativos es bastante básico: Una recogida de aportaciones online sin ningún tipo de identificación ciudadana: todo el que quiere proponer algo lo propone. Eso se traslada a las sesiones presenciales para que tengan toda la información de lo que ha entrado por internet. En las sesiones presenciales se hacen grupos de trabajo que exponen los proyectos más interesantes. Finalmente se votan entre todos los asistentes las propuestas que pasarán a la votación final.

Aparte de todos esos proyectos se incorporan otros tantos para los que no han estado en las sesiones presenciales, y estos sí son con votación online. Pueden pasar a la votación final a través de una prevotación electrónica ya con autenticación. Hay un filtro técnico para que asegurarse de que todos los proyectos cumplan los requisitos y que entren en el presupuesto asignado.

Y todo esto se consolida en una sesión de presentación abierta a toda la ciudadanía en la que se explican en detalle los proyectos (el año pasado fueron 48). Se vota, y lo que sale se incorpora al presupuesto. Lo que tenemos claro es que estamos aprendiendo. Cada año nos hemos encontrado con situaciones distintas. Por ejemplo, un año tuvimos un efecto lobby brutal.

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Hablando de los lobbies, ¿cómo intentáis reducir ese tipo sesgos, o las brechas generacionales, tecnológicas y de género?

El problema es que a veces se desvirtúa el respeto por la máxima “una persona, un voto”. En esa ocasión que te comentaba, no sé hasta qué punto los que aparecían como votantes tenían una voluntad clara de participación. Hubo gente que recabó apoyos puerta por puerta. No digo que se hicieran cosas ilegales o inadecuadas. Pero si vas casa por casa pidiendo DNIs y fechas de nacimiento… No sé hasta qué punto es adecuado.

Cuando pasan estas cosas vas tomando medidas. A mi no me gusta la improvisación en la participación, así que reflexionamos sobre las problemáticas e intentamos dar solución. Para atajar este efecto implantamos la identificación por la Irún Txartela, la tarjeta de identificación municipal que tenemos implantada aquí. El problema es que se redujo mucho la participación. El método era más restrictivo, aunque la tienen 30.00 personas de una población participante potencial (de entre 16 y 72 años) de unas 42.000. Pero no se redujo la participación sólo por eso: seguramente ese efecto lobby del año anterior desmotivó e hizo que bastante gente no participase. Incluso los del propio lobby se desmotivaron. Bueno, hay intereses cruzados y nunca puedes medir bien las fuerzas que intervienen.

Estamos buscando fórmulas que puedan hacer de efecto tractor, implicando al asociacionismo local. Si cada asociación tira de su base social puede revivir esto de forma bastante importante. También el sistema de autenticación de la tarjeta se simplifica bastante este año.

Hay otro tipo de sesgos. Por ejemplo, personas que no tienen un ordenador en casa. Euskadi tiene una red de telecentros al servicio de toda la ciudadanía, e Irún tiene dos centros de este tipo. Y además tenemos wifi gratuita en parques y plazas. Y el tema de la brecha digital lo trabajamos desde hace años: Hay muchas personas de edad avanzada haciendo cursos de capacitación en internet.

También abrimos los procesos de participación a vías tradicionales. Siempre dejamos alguna urna o votación asistida en el servicio de atención ciudadana. Depende del proceso y de su complejidad, pero siempre hay una puerta abierta.

El factor género no es un problema en nuestro caso. La media de participación en los procesos que desarrollamos está casi en un 60%-40% a favor de las mujeres.

Tenemos un problema con los jóvenes. Nos cuesta muchísimo que participen en los procesos, incluso en los específicos para ellos. Tenemos una vertiente juvenil de los presupuestos participativos en los que se reservan 200.000€ y hacemos de todo: Visitar centros de formación profesional e institutos, hemos contratado una empresa para que chavales de su edad les intenten animar a participar, hemos intentado involucrar los locales de jóvenes… Ha servido de algo, pero poco.

También hemos tenido en cuenta la participación de personas sordomudas incorporando un intérprete de lenguaje de signos; algo que no cuesta nada porque los pone la diputación provincial. Y siempre se da apoyo a personas con otro tipo de deficiencias físicas o cognitivas.

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A veces se propaga el miedo a que ganen propuestas muy descabelladas o que no recojan el interés general. ¿Hace falta más deliberación en los procesos participativos? ¿Estamos confundiendo participar con decidir?

Depende de los procesos. Pongamos que hay un proceso sencillo de urbanización en el que hay controversia entre peatonalizar o no. En este tipo de situaciones no se suele generar mucho debate. Lo que hacemos muchas veces es ir con una hoja en blanco a determinados colectivos involucrados: asociaciones de vecinos, hosteleros o comerciantes. Se configura un borrador de proyecto que luego se ofrece a la ciudadanía de forma pública y abierta en la web para que aporte. Eso se ha hecho varias veces con buen resultado.

En procesos más potentes sí se introduce la deliberación más profunda. Los presupuestos participativos tienen una modalidad de trabajo en grupo. También tenemos un proceso que se llama “el alcalde en los barrios”. Se recorren las 17 zonas de la ciudad y el alcalde va a escuchar y recoger todas las propuestas. Sobre una pantalla se va proyectando lo que cada vecino va pidiendo. El alcalde a veces tiene respuesta directa sobre la cuestión y otras veces sí surgen debates que enriquecen. Eso está funcionando muy bien, la asistencia es bastante alta. Lo que sentimos más cercano lo defendemos a veces más que otras cosas más importantes o estratégicas.

Lo que no hacemos es poner a votar algo sólo de forma directa. Nunca. Siempre hay aporte de la ciudadanía, por internet y de forma presencial.

La legislación colaborativa se aplica desde hace poco. Según el artículo 133 de la Ley 39/2015 se debe consultar a los ciudadanos –a través del portal web de la Administración competente– antes de elaborar una nueva ley o reglamento. ¿Cómo crees que se debe afrontar este nuevo reto de ampliación del espacio democrático?

Yo creo que se abre una puerta muy interesante. Es una aportación saludable a la construcción de las normas para regir el funcionamiento de nuestra sociedad.

Desde mi punto de vista basado en la experiencia, creo que todavía nos falta cultura de participación ciudadana para sacar partido de esta nueva posibilidad. La mayor parte de las personas que intervienen en procesos participativos lo hacen por intereses más o menos particulares: mi barrio, mi problemática social, mis hábitos. Se participa poco en ámbitos estratégicos como la legislación colaborativa. Pero estoy convencido de que es la manera. Desde la administración tenemos que impulsarlo.

Al elaborar una ordenanza de competencia municipal se buscaba el consenso político: junta de portavoces, debate con los grupos, acuerdos… pero no había intervención ciudadana. En Irún estamos empezando a contar con el asociacionismo local Javier Arranz, Ayuntamiento de Irún

Hasta ahora, cuando había una ordenanza de competencia municipal se buscaba el consenso político: se hacía en junta de portavoces, con debate con los grupos, acuerdos… pero no había demasiada intervención ciudadana. En las dos últimas ordenanzas que hemos sacado adelante contamos con el asociacionismo local: hubo una exposición pública de un borrador con muchas aportaciones, muchas reuniones… y al final se aprobó algo con un nivel de consenso importante.

Ahora estamos desarrollando un reglamento de participación ciudadana. Hemos formado un grupo de trabajo compuesto por un representante de cada uno de los grupos políticos con representación municipal, técnicos municipales, representantes de la federación de vecinos, foro ciudadano y de las asociaciones juveniles. El grupo ha elaborado un esquema inicial de esta ordenanza y un guión que se ha expuesto públicamente. Se han recogido varias aportaciones y se pondrá un borrador en la web a disposición de la ciudadanía para una segunda fase de recogida de aportaciones.

Estamos convencidos de que es la manera. Se tarda más pero lo que sale es mejor y sale más apoyado. Vas al pleno y se apoya por unanimidad. Pero bueno, estamos empezando y el nivel de participación todavía es bajo. Poco a poco.

¿Cual crees que es el papel de las asociaciones de vecinos en la nueva participación mediada por la tecnología?

En Irún tenemos de todo, desde asociaciones con mucha actividad a las que cualquier proceso de participación ciudadana les parece estupendo. Y luego hay perfiles en el otro lado, a los que les molesta que se lleve una actividad de participación ciudadana a su barrio, o que intentan acaparar las reuniones. Son asociaciones que prefieren gestionar por su cuenta y ser ellos los que piden al Ayuntamiento. Y lo hacen con buen criterio, pero se nota ese rol protagonista.

La participación abierta y directa les quita protagonismo. En bastantes ocasiones se nos ha pedido un trato diferenciado. Hasta ahora hemos contado con gente de las asociaciones como facilitadores, pero sin dar a la asociación un papel protagonista. Se les tiene mucho en cuenta, y quizá en los presupuestos participativos les demos la opción de proponer cosas como asociaciones. Que se vea que ciertas propuestas las presentan las asociaciones de vecinos de tal barrio; o un club deportivo o una ONG. Pero el presupuesto participativo está dirigido principalmente al ciudadano individual.

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