Voto cuadrático: Contra la tiranía de la mayoría

Una aproximación al voto cuadrático

Entre las experiencias más novedosas en los sistemas de elección en los últimos tiempos encontramos el voto cuadrático. Un método original creado por economistas y no por expertos en ciencia política; dato este relevante, como ahora veremos.

Detengámonos por un momento en el significado del término:

cuadrático, ca

  1. adj. Mat. Perteneciente o relativo al cuadrado.
  2. adj. Mat. Que tiene cuadrados como potencia más alta.

Veamos entonces si vamos encaminados o no con estas definiciones y encontramos una relación entre las matemáticas y la forma de desarrollar este sistema de votación.

Como todo esto suena a algo muy nerd, empezaremos por entender la motivación de un sistema como este basado en las matemáticas. Si entendemos los motivos por los cuales se busca un mecanismo más avanzado para la elección de opciones, entenderemos mejor cómo funciona este y en definitiva podremos evaluar finalmente si se cumplen las expectativas puestas en él.

A lo largo de la historia los diferentes modelos de organización política, no solo aquellos democráticos, han requerido hacer uso de distintos sistemas de elección. Son muchos los sistemas de votación usados durante el transcurso de miles de años de civilización. No es posible fijarse en todos ellos para entender las motivaciones por las cuales existen sistemas como el voto cuadrático pero una aseveración de Glen Weyl, uno de los economistas creadores de este método, nos puede hacernos entender mejor de qué trata todo esto.

El propósito del voto cuadrático consiste en determinar “si las intensas preferencias de la minoría superan las débiles preferencias de la mayoría”, nos plantea el científico norteamericano.

Mediante la votación cuadrática podemos conseguir una mejor manera de tomar decisiones colectivas y de este modo evitar el impacto de la “tiranía de la mayoría”, según sus propias palabras, permitiendo al mismo tiempo expresar cuán fuertemente se sienten el conjunto de personas acerca de un problema en lugar de solo si están a favor o en contra de él.

¿Cómo funciona el voto cuadrático?

  • A cada votante se le entrega un número limitado de fichas (tokens), pongamos que 100, para gastar en cada una de las opciones de su interés según su criterio.
  • Para cada opción se pueden dar uno, dos, tres votos o más. El coste de cada voto es el resultado de multiplicar ese valor por sí mismo. Es decir: obtendremos el coste en fichas calculando el cuadrado del número de votos entregado a una opción (12,22,32,42, …, 102); de ahí la idea de voto o votación cuadrática.
  • De esta forma si a la opción A le doy un voto, el coste será de una ficha, si a la opción B le doy dos votos el coste será de 4 fichas y si a la opción C le doy 10 votos gastaría todas mis fichas, en nuestro caso 100.

A simple vista podemos sacar algunas ideas preliminares:

  • cada persona puede ponderar el nivel de afección con cada opción.
  • no es obligatorio tener en cuenta todas las opciones.
  • apoyar solo una opción con muchos votos sale muy caro.

Como otros sistemas de votación pensados para mejorar el resultado final de un proceso, el voto cuadrático se ha desarrollado precisamente para encontrar cual es el producto más acorde con el sentir general atenuando el peso de las mayorías. Parece posible alcanzar este objetivo, pues aunque haya un grupo mayoritario apoyando una o algunas opciones su peso se ve reducido por el coste que implica dedicar todas sus fichas en estas pocas opciones. De algún modo el propio sistema nos obliga a usar inteligentemente nuestra capacidad de apoyo y detenernos a estudiar cómo distribuir más eficazmente esos votos.

Vale, el sistema mola, parece interesante pero, ¿lo ha usado alguien?

El caso de Colorado

Un ejemplo reciente ha sido en el caucus (asamblea) del Partido Demócrata de Colorado. Las miembros participantes debían elegir un número de propuestas legislativas para llevar a la Cámara de Colorado. En otras ocasiones se realizaba una votación por elección mayoritaria (como toda la vida) pero el resultado tenía dos grandes desventajas: había un sesgo muy alto producido por el peso de la mayoría y la calidad de las propuestas era baja o al menos dejaba fuera propuestas supuestamente más interesantes.

Si son 41 los representantes de la Cámara designados para elegir entre 60 o 100 proyectos de ley para financiar, con total seguridad podremos ver como cada representante defendería primero su opción personal; votarían por interés propio. No existe por tanto una decisión colectiva.

En consecuencia lo que los demócratas de Colorado necesitaban era una forma de capturar el deseo, saber qué proyectos de ley eran la prioridad de todo el grupo. “Tenemos una cantidad limitada de dinero para gastar en la nueva legislatura mediante el presupuesto de cada año”, dice Chris Hansen, un representante estatal de Denver y presidente del Comité de Asignaciones de la Cámara. “Así que teníamos que idear un método para capturar con precisión la preferencia de esos miembros del caucus”. Dieron con el voto cuadrático como la forma para solucionar su problema.

El resultado en Colorado ha sido óptimo a tenor de la valoración de sus participantes. Con el voto cuadrático se consiguió obtener una decisión más certera sobre qué proyectos eran los más importantes para que el caucus financiara. La propuesta ganadora fue el Proyecto de Ley 85 del Senado, la Ley de Igualdad de Pago por Igual Trabajo, con 60 votos se distanciaba claramente de las demás. Las medidas relacionadas con el bienestar social y la salud se llevaron 5 de las 10 primeras puestos. Y en el top 20 se incluyen múltiples propuestas acerca del cambio climático, criminalidad o el alto coste de vida. Es singnificativo como ningún elector usó sus 100 fichas para asignar 10 votos a un solo proyecto, parece evidente lo poco rentable de hacer algo así.

Caucus El término es una apropiación de la cultura de los pueblos nativos de América del Norte, donde se utilizaba para nombrar la reunión de jefes de tribu. Son un fenómeno verdaderamente singular en la organización política de los EEUU. Se trata de asambleas de partido arraigadas en los principios más primitivos de la democracia norteamericana. Estos encuentros se organizan para la elección de las candidaturas para las diferentes instituciones gubernamentales o como asambleas para la designación de los proyectos legislativos de una cámara. Realmente en algunos de estos caucus nos encontramos con procesos asamblearios de base y en muchas ocasiones se utilizan innovadores procesos para la toma decisión; como en el caso del voto cuadrático en el caucus demócrata de Colorado.

¿Nos imaginamos este método en nuestro contexto?

En los procesos de presupuestos participativos encontramos en muchas ocasiones un conjunto de propuestas muy elevado y, si miramos de una forma más precisa, en gran medida con demasiada paja. Entonces, ¿cómo poder seleccionar aquellos proyectos de calidad? Aplicar el voto cuadrático a los presupuestos participativos puede generar una idea más clara de cuál es el sentir general del conjunto de personas participantes pues al contrario de otros sistemas como el de carrito de la compra —interesante pero en el que prima el coste como elemento diferenciador con el consiguiente posible sesgo introducido por los técnicos a la hora de valorar cada propuesta— con este método se tiene en cuenta el nivel de entusiasmo de cada participante con cada propuesta.

Yendo más lejos incluso sería posible combinar ambos sistemas, realizando una primera selección, una criba, mediante el voto cuadrático para después finalizar la selección mediante un sistema de carrito de la compra una vez se ha realizado la evaluación económica de los mismos.

Claro está, por muy novedoso que sea el método no es la primera ocasión en la cual nos topamos con sofisticados mecanismos para la elección de un conjunto de ideas o personas. En muchos de los procesos de primarias de partidos y candidaturas municipalistas de los últimos años encontraremos experiencias con sistemas como Borda o Dowdall.

Estos sistemas de votación nos permiten ordenar a nuestro gusto un conjunto de candidaturas —o incluso de propuestas en el caso de programas— y el resultado final permite obtener un grupo de cinco, diez o veinte posiciones más acordes al sentir general maximizando la proporcionalidad. No obstante la diferencia principal con el voto cuadrático es la imposibilidad de manifestar el grado de interés por cada una de las opciones seleccionadas.

Es posible por tanto que muy pronto veamos aplicar el sistema de voto cuadrático a una primarias. Bueno, posible en teoría pues no parece existir ahora mismo un ambiente proclive a investigar y experimentar en formas extensión democrática en los partidos políticos, más bien al contrario parece este en un periodo de cierta involución si lo comparamos con los avances de los pasados cinco años.

El voto cuadrático puede suponer un interesante nuevo sistema para la toma de decisiones colectivas. Como en tantas otras ocasiones adoptar sistemas con cierto nivel de complejidad puede permitirnos obtener mejores resultados. Sin embargo el coste de implementar procesos más complejos puede ser una barrera a la hora de participar y requiere sin duda de una mejor formación o buena comunicación del proceso antes de ponerlo en marcha.

Además se debería investigar cuál sería el efecto de usar este método en órdenes de magnitud mayores, pues el ejemplo que hemos visto es muy reducido y no sabemos bien cuál puede ser el impacto de la escala a la hora de implementar el voto cuadrático en un proceso de, por ejemplo, una ciudad de 3,5 millones de habitantes. Esperemos por tanto poder evaluar procesos realizados mediante el voto cuadrático muy pronto y observar de este modo cuáles son los límites de esta innovador y novedoso mecanismo de toma de decisiones.

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