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La democracia, ¿está bien como está?

La historia demuestra que los gobiernos más abiertos producen sociedades más desarrolladas

“Las mujeres sensibles y responsables no quieren votar. La posición que hombres y mujeres deben ocupar en nuestra civilización la asignó hace mucho una inteligencia superior”. Parece el discurso de un líder fundamentalista pero lo escribió el Presidente de Estados Unidos Grover Cleveland en 1905. En contra de los designios del bueno de Grover, el voto femenino se impuso. No sólo en Estados Unidos sino en todas las democracias occidentales.

El miedo a que los ciudadanos participen más en sus gobiernos existe desde hace siglos. La historia demuestra, sin embargo, que las sociedades más desarrolladas son precisamente las más abiertas; las que saben crear mecanismos eficientes de transparencia y participación.

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El presidente Cleveland no era el único que criticaba el voto femenino. A principios del siglo XX, los cafés de las principales ciudades del mundo rebosaban de tertulianos trajeados que se revolvían cada vez que oían la palabra “sufragista”. Señoras recatadas se horrorizaban ante la posibilidad de que ellas, personas sin experiencia en los asuntos públicos, pudieran decidir el destino de su país. La democracia, decían, ya está bien como está.

Es el mismo runrún que recorre hoy las comidas del domingo en familia cada vez que alguien intenta explicar qué es eso de la transparencia. O por qué hacen falta otros mecanismos de participación que vayan más allá de echar una papeleta cada cuatro años. ¿Hacer los presupuestos fáciles de entender para que todos sepan cómo se gastan sus impuestos? Innecesario. ¿Mejorar los procesos participativos online y offline? Demasiado difícil. ¿Estudiar formas de crear leyes colaborativas? Ridículo.

Suecia, 250 años de administración abierta

Suecia tiene la ley más antigua de acceso a la información, aprobada en 1766. Desde hace dos siglos y medio cualquier ciudadano puede pedir bases de datos públicas, correspondencia de sus gobernantes, declaraciones de bienes, borradores de leyes… Algunas de estas cosas se han vetado en España hasta 2013 (y otras todavía lo están). Los suecos del siglo XVIII pensaron que su gobierno podía ser más abierto; por eso hoy sus descendientes viven en de uno de los países menos corruptos según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

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Los “enderezadores” griegos

La relación transparencia-desarrollo no es una ecuación que funcione sólo en el mundo contemporáneo. Nos podemos remontar a la Antigua Grecia para probar su eficacia. Mientras otras tribus se humillaban ante el caudillo corrupto de turno, los helenos controlaban hasta el último dracma de los gastos de sus líderes. En el siglo V A.C. ya existía una institución llamada Euthyna (“enderezamiento”) que se ocupaba de la rendición de cuentas de los cargos públicos. El objetivo: evitar desviaciones de capital indeseadas. Gracias a la Euthyna y a otros mecanismos de control, en el siglo V a.C. la economía griega llegó a ser la más avanzada del mundo.

Cicerón contra las reuniones secretas

La indignación con la que Cicerón arranca uno de los discursos más famosos del mundo es la misma que resuena en la opinión pública actual cuando se descubren prácticas opacas de nuestros gobernantes: “¿Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia?”, espeta el cónsul romano al senador Lucio Sergio Catilina para, a continuación, destapar su conspiración. “Las tinieblas de la noche no ocultan las reuniones malvadas”, sigue el cónsul, “Ya se sabe todo. Todo es público”. No está claro que Catilina fuese un personaje tan vil como lo pintan las fuentes de la época. Pero nunca lo sabremos porque sólo nos han llegado acusaciones de sus enemigos políticos. Si Catilina hubiese tenido una agenda pública de reuniones para cargos públicos como la de Gobierto ¡quizá la trama hubiera sido muy distinta!

La rendición de cuentas anglosajona

El pasado nos deja muchos ejemplos de que transparencia y participación equivalen a desarrollo: En Inglaterra, la Carta Magna introdujo en el siglo XII el primer estándar de rendición de cuentas que forzaba al rey a aceptar el principio básico de que los impuestos no se debían subir sin consultar a los contribuyentes. En el siglo XV, la imprenta revolucionó la capacidad de producir, compartir y consumir información. El simple hecho de imprimir las leyes y ponerlas a disposición del público hizo que las formas de gobierno maduraran mucho más rápido. En 1921 se creó en Estados Unidos la Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas (Government Accountability Office), un organismo independiente que controla y difunde cómo se gasta el dinero de los contribuyentes. El resultado: Una gestión mucho más eficiente del presupuesto público. Y una cultura de la transparencia que impregna toda la administración estadounidense.

También hay momentos en los que la civilización parece encallar o retroceder. Y otros en los que corremos el riesgo de cuestionar los procesos democráticos. Después de la Revolución Francesa, los derechos de sufragio en Francia avanzaron y retrocedieron durante casi un siglo. Pero finalmente se alcanzó el sufragio universal. Por cada paso atrás la humanidad siempre acaba dando dos hacia delante. Por eso está bien tener cautela a la hora de diseñar estrategias de gobierno abierto, pero nunca hay que conformarse con “dejar la democracia como está”.

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